NOTA: este post es muy abstracto y teológico (¡lo sé!), pero para mí analizar estas microcosas es la clave del asunto. Así que pueden decidir seguir leyendo o interrumpir su lectura sin compromiso y buscar un post más concreto del mundo de UX ;)

Justo alguien preguntó sobre la personalización de los e-commerces y sumado a que los otros días vi la publicidad de la nueva app de Despegar.com personalizada con la frase: “Luciano, encuentra todo para tu viaje”, necesité visceralmente escribir esto.

¿Por qué desde la antigüedad es tan crítico saber el nombre de alguien?

Quienes tienen formación judeocristiana, habrán escuchado sobre los llamados “10 mandamientos”.

Que de hecho (¡comentario al margen!) quienes los ha leído, se habrán dado cuenta que no son diez sino algunos más; pero astutamente para que las personas del pueblo los memoricen y los hagan sin olvidarse de ninguno, el clero los sintetizó y agrupó en diez mandatos, teniendo en cuenta los dedos de las manos, que en general también son diez ;)

Las personas tienen diez dedos en sus manos y si les decimos diez o cinco cosas, es más fácil que las puedan aprender y no se olviden de ninguna ;)

Volviendo a las implicancias de saber el nombre de alguien, me imagino que ya descubrieron a cuál de los “diez mandamientos” me refiero ;)

Una traducción (palabra que etimológicamente está vinculada con el concepto “traición”) de los teólogos Reina y Valera en 1960 dice: “No tomarás el nombre de tu Dios en vano; porque no dará por inocente Dios al que tomare su nombre en vano”.

Lo maravilloso de esta traducción (¡o traición!) es que el texto original jamás dice “en vano”. Eso fue una frase agregada a posteriori.

El texto en hebreo se podría traducir al castellano más fielmente como “no pronunciarás el nombre de dios”. Así. Solamente eso.

¿Y cuál es el problema de pronunciar el nombre de alguien?

Saber y decir el nombre del otro implica poder pedirle que haga cosas y básicamente, dominarlo.

Y en el judaísmo, dios no es un dominado ;)

Es un poco abstracto (¡perdón a los que buscaban un post de UX más concreto!) pero mencionar el nombre del otro significa hacer un giro de la dialéctica amo-esclavode tal modo que el que menciona el nombre es el amo y el otro se transforma en su esclavo.

El que llama al otro por su nombre es el que manda.

Cuando estoy en una cafetería y la camarera tiene una etiqueta con su nombre, la llamo, le pido cosas y básicamente, tomo dominio sobre ella logrando quizás que mi pedido salga aún más rápido que si no la personalizara. ¡Suena horrible, lo sé!

Cuando un e-commerce usa el nombre del usuario (¡el nombre que le pusieron su padre y su madre! y con el que lo llamaron toda su infancia) y lo menciona diciendo: “Luciano, encuentra todo para tu viaje”; claramente toca alguna fibra de Luciano y aumentan las posibilidades de que Luciano haga lo que el sitio le manda ;)

Lo interesante del mandamiento es que continúa diciendo “… porque no dará por inocente Dios al que tomare su nombre…”.

Me encanta la palabra “inocente”, que seguro tampoco está en el texto original y es un invento intencional de los traductores :)

Pero personalizar un e-commerce, donde se quiere aumentar la conversión: o sea, donde se necesita que el usuario busque, vea, cargue los datos de su tarjeta de crédito y compre; desde ya no es una decisión de UX inocente.

Llamar al usuario por su nombre es una decisión astuta, intencional e inteligente ;)

Y si queremos aumentar la conversión de un sitio, definitivamente es un recurso que creo que debemos entender profundamente para saber cómo aplicar.