Algo que suelen hacer en muchas empresas para tratar de asegurarse si los usuarios amarán o no un producto o servicio antes de lanzar.

Esta pregunta no sólo es infructífera sino a veces contraproducente. Las personas no pueden asegurar lo que harán porque no saben lo que quieren ni lo que necesitan, ni mucho menos lo que usarán.

¿Podemos confiar en lo que los clientes dicen que harán?

Mark Fisher – el escritor británico, crítico y teórico de la cultura – analizó las dinámicas donde se escucha la opinión de los clientes de la siguiente manera:

“La razón por la que fallan los focus groups es que, si bien son capaces de distribuir mercancías inmensamente populares, la gente en realidad no sabe lo que quiere. No solo porque nuestro propio deseo se oculta de nosotros mismos, sino también y sobre todo porque las formas más poderosas del deseo anhelan lo desconocido, lo extraño, lo inesperado: cosas que pueden producir sólo los artistas y comunicadores preparados para ofrecer algo distinto de lo que ya satisface a las mayorías.”

Entonces, ¿qué hacemos?

Esta respuesta y compleja y casi ideológica. Particularmente propongo lanzar el mínimo producto viable y ver qué pasa.

O sea, construir lo mínimo que se pueda construir para validar la hipótesis y lanzarlo a producción para ver en vivo y en directo qué sucede con las personas en la propia realidad ¿eligen usar el producto o servicio? ¿por qué no? ¿por qué sí?

“En la cancha se ven los pingos”

Una frase del lunfardo argentino dice: “En la cancha se ven los pingos”, o sea, una vez que los caballos empiezan a correr es cuando se ve quién va a ganar una carrera con apuestas.

Uno puede apostar. Uno puede tener referencias y experiencias de otras carreras. Pero al momento de salir a correr, es cuando se puede ver si el caballo por el que uno apostó es el que ganará.

;)