En una prueba de usabilidad ¿medimos operabilidad o percepción?

Escribo esto para esbozar lo que me parece clave en las pruebas de usabilidad: una cosa es lo que el usuario hace, otra cosa es lo que comprende que hace y una tercera cosa (distinta y distante) es lo que nos dice.

Los usuarios no comprenden exactamente lo que les pasa y tampoco dicen lo que creen que comprenden.

Por otro lado, no nos importa lo que dicen que sería potencialmente bueno, sino cuánto tardan y cuánto se equivocan con los prototipos que les estamos presentando.

Me divierto – diaria y sádicamente – cada vez que le pregunto a cada usuario qué le pareció el sitio que acaba de navegar (luego de no haber podido resolver casi ninguna task) y me responde: “Buenísimo, super claro”.

Así somos los seres humanos: fáciles de engañar por el brillo y por las formas ;)

El objetivo de estas líneas es reforzar esta idea crucial: no sirve de nada preguntarle a un usuario la opinión de un sitio para resolver problemas de usabilidad.

Todavía hay gente que confunde operabilidad con percepción y realiza pruebas de usabilidad infructuosas, que no sirven para optimizar el uso de una interfaz.

Si se nos ocurre preguntarle la opinión a un usuario: lo miraremos con cara de felicidad y le diremos: “Gracias, nos alegra que te hayan gustado nuestros prototipos”. Para luego digerir los resultados del testing y modificar los prototipos en función de lo que realmente hizo y le sucedió al usuario, que puede coincidir o no con lo que interpretó o con lo que dijo.

Uno es el mundo de la operabilidad, otro es el mundo de la percepción.

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