Siendo 8 de marzo, me desperté con ganas de escribir estas líneas anárquicas sobre el Día Internacional de la Mujer que trabaja.

Quizás sea porque anoche me fui a dormir leyendo sobre las dos mujeres argentinas mochileras que asesinaron en Ecuador y las machistas personas que  justificaron: “es que viajaban solas” junto con la repercusión en las redes sociales que trató de explicarle a esta gente retrógrada, cómo sería un buen uso de las palabras:

“Ellas no “viajaban solas”. Ellas eran dos mujeres viajando juntas”.

Quizás también sea porque la semana pasada escuché a una mujer diciendo: “Ay, ¡qué padre!” para referirse a algo grandioso y bueno.

O quizás sea porque anoche antes de irme a dormir, hablé con un amigo argentino que empezó a salir con una chica mexicana que con 30 años nunca había ido al ginecólogo – para no tener que hablar de sexualidad en su casa – y al ir aconsejada por mi amigo, le encontraron un grave problema en el útero que nunca había sido atendido.

Esto me recordó a un trabajo interesantísimo que hizo Always llamado “Intimate words” con mujeres indígenas de aquí cerquita de donde estoy sentada.

Investigaron que el idioma zapoteco no cuenta con palabras para referirse a los órganos sexuales femeninos – que son considerados tabú – y analizaron cómo esta falta de palabras impactaba en la comprensión de la primera causa de muerte en la comunidad, que es el cancer de útero.

La marca Always explica en el estudio:

Women’s intimated body parts are not labeled because they are considered a taboo.

In many occasions, the lack of words to explain their symptoms ends in a bad medical diagnosis.

We assembled sociologists, doctors, linguists and people from the village to develop the missing words. So women could explain their symptoms better and help prevent a serious illness like cancer.”

Always unió a sociólogos, médicos, lingüistas y personas de la villa para crear esas palabras. Y de este modo ayudó a las mujeres a poder hablar de lo que se están muriendo. A ponerle palabras.

Hoy me desperté pensando en todo esto y también en la Santa Biblia que afirma en castellano que la mujer fue creada a partir de la costilla del hombre.

Adoro esa palabra “costilla” porque fue tergiversada.

En el original hebreo dice “costado”, pero unos machos estratégicos la cambiaron al momento de traducirla, lo cual les ha venido muy bien para respaldar la desigualdad de género con su libro sagrado.

En conclusión:

  • Tenemos y usamos palabras que perpetúan el machismo y el feminicidio.
  • Considerar la sexualidad de las mujeres como un tema tabú, también nos mata.

En una sociedad donde dios es hombre, el hombre es dios.

Y en una sociedad platónica donde el libro sagrado plantea que la mujer es la costilla del hombre, la mujer queda justificadamente relegada.

Bienvenido sea en este Día Internacional de la Mujer, investigar y cuestionar todos los mandatos y todas las palabras.